La
siguiente reacción de Ornella fué alejarse para traer
2 libros. Con éstos en mano me preguntó: ¿La
señora Fey y Roberto saben que ustedes están aquí?
Le contesté que no, que había escrito una carta hacía
un mes pero que no había recibido respuesta. |
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| Se
volvió a alejar y trajo con ella el teléfono. Me dijo:
-Llámenla ahora y díganle que están aquí!.
En principio no entendí muy bien porqué tanto apuro,
pero para no parecer descortés, hice el intento con el número
de teléfono que ella misma me dictó. No contestó
nadie. Ya era sábado al atardecer y no lo volvimos a intentar.
Los dos libros que trajo eran “Finestre e Finestrelle
su Brazzá e altrove” de Detalmo Pirzio
Biroli, y “I Figli Strappati”
de Fey Von Hassell. En el primero de ellos había un capítulo
entero dedicado a Nonino y Pina, con abundante material fotográfico;
en el segundo, el nombre de Nonino y el de Pina se repiten en todo
el libro y con sus fotos.
La sorpresa nos erizó el pelo a Noemí y a mí. |
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| Esa
tarde estábamos demasiado cansados, así que nos fuimos
a caminar por los alrededores. Se hizo noche y cenamos en La Roncolina,
al lado del Fogolar con su "cjavedal" incluido. Fue una
de las cenas más abundantes de todo el viaje, tanto que no
pudimos llegar a “il dolce” (el postre).
La idea era levantarnos al día siguiente bien temprano, ir
a conocer Udine, y luego intentar conocer el Castillo. |
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El domingo fuimos a desayunar a las 8:30 en el saloncito de La Roncolina.
La amabilidad de Ornella y Luciano era tán cálida, que
para el desayuno nos tenían reservado “Il dolce furlán”
que no pudimos comer la noche anterior. Indescriptible.
Pero la sorpresa de esa mañana era otra. Cuando
terminamos de desayunar, Luciano trajo su teléfono y marcó
él mismo el número de Fey Pirzio Biroli.
Como hablé yo, que no tengo un manejo muy propio del Italiano,
la señora Fey me pasó con Roberto Pirzio Biroli. Le
conté mi carta de un mes atrás. Me dijo que la había
recibido y que lo había emocionado, pero que no me había
podido contestar por un viaje al exterior; me preguntó cuándo
era que íbamos a Brazzá. Cuando contesté que
en realidad ya estábamos ahí, me dijo -¡Entonces
vengan ahora!. Así fué que antes de las 10 de
la mañana
pudimos entrar en el castillo y conocer a Roberto y Fey Pirzio Bíroli. |
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